Hay una emoción que casi nadie quiere sentir, no porque sea rara sino porque está mal vista: La envidia. Detrás de este sentimiento suele haber un deseo no reconocido, una sensación de carencia, comparación constante, una herida de autoestima, miedo a “quedar atrás”.
No solemos envidiar lo lejano, porque no nos despierta la sensación de desigualdad que sí puede provocar alguien con circunstancias similares a las nuestras. Por eso, cuando esta emoción se activa por un logro de una amiga, nos duele más, porque es un espejo identitario.
La envidia no se sana negándola, se sana nombrándola. Una amistad adulta no es la que nunca incomoda, sino la que puede sostener la diferencia sin que una tenga que achicarse para que la otra no sufra. Cuando reconocemos nuestro anhelo relegado, la podemos usar como un impulso para materializarlo.
Si queres escuchar mas contenido como este, podes seguirme en Instagram @giselarosenthal y en mi web giselarosenthal.com.ar o podes sumarte a un Programa Transformador de Liderazgo Personal que lo podes hacer a tu ritmo desde mi website.
Si te gustó este episodio dejame un like o un comentario que tu apoyo me ayuda para seguir difundiendo contenido de valor.
Nos vemos en el próximo episodio para que puedas crear la vida que deseas.
Para descargar los ejercicios registrate o iniciá sesión